6.17.2014

La casa

A veces pienso todo lo que un ser humano sacrifica por una casa. Recuerdo cuando mi abuela, por ejemplo, dejó de estar con sus nietos, sus hijos, dejó de disfrutar de las cosas pequeñas y grandes de la vida, de conocer otras cosas, porque tenía que cuidar la casa. No fuese a suceder un robo y ella, una anciana de 75 años para aquél entonces, pudiese impedirlo con su propia presencia.

En España entonces conocí a mucha gente que gastaba el 70% de su salario para poder pagar una casa. Se levantaban un lunes en la mañana, aguantaban humillaciones de jefes y compañeros, pasaban   largas temporadas de mala leche, amargando el espíritu, solo para conseguir el dinero para pagar la casa.

Otros perdieron su vida pagando mensualidades astronómicas que nunca terminarían de cubrir, porque dentro de 40 años lograrían, por fin, comprar una casa.

Pienso que la vida dura a los sumo más o menos 70 años, siendo optimistas, hay mucha gente que se muere antes, y la mayor parte de la vida nos la pasamos haciendo cosas para mantener una casa, pagarla, ordenarla, limpiarla, adornarla.

Pero qué nos proporciona una casa.

1. Un espacio.
2. Un lugar propio que no se puede tener en otro sitio.
3. Nuestra privacidad y el lugar para poder expresar nuestro Ello, como diría Freud.
4. Cobijo cuando hay mal tiempo.
6. Territorio donde podemos sentirnos seguros, un sitio de escondite.

Dadas estas enormes garantías parece comprensible que la gente haga todas estas cosas para vivir dentro de la casa.

En África, sin embargo, lo más importante es un árbol, porque les da la sombra necesaria para poder sobrevivir a los calientes y exorbitantes mediodías.

Pero pienso que el mundo occidental debería reducir los espacios, no necesitamos una gran casa, no necesitamos sacrificar tanto por ella, no necesitamos pensar que los ladrones con nosotros dejarán de robar, no debemos cuidarla y sobre todo nunca debemos anteponerla a nuestra felicidad.


5.30.2014

Cosas curiosa, el doble.

Me ha pasado algo realmente curioso. He escrito un comentario para alguien en inglés, entro de nuevo al blog sin querer y me veo a mi misma, mi pequeña fotico de hace más de 4 años, con palabras que en este momento yo misma no entiendo.

No pude escribir eso.

¿De verdad fui yo?


Me desdoblo o qué...

Vuelvo a ver el último post que escribí en este blog y descubro que fue este mismo mes que casi termina.

Tampoco pude ser yo.

Tengo un doble que sabe mis claves y se mete en mis cuentas. Sabe mejor inglés que yo y escribe cosas que ya me gustaría decir a mi.

La idea del doble tiene algo de impenetrable. Aún me acuerdo de aquél libro que leí de Dostoiesky y que me gustó tanto, ese funcionario que descubre de repente que tiene un doble.

A mí los gemelos univitelinos  siempre me han parecido medio siniestros...

Yo recuerdo que había una leyenda urbana, no sé si me recuerdo que dicen que fue creada por Freud (disculpen mi ignorancia), en donde se explicaba que el encuentro con el doble, que existe, en serio que sí, era la sentencia inevitable de una muerte próxima.

De allí me dije: Dios me libre de encontrarme con mi doble...


jajajaja

Últimamente, cuando me siento particularmente mal, me imagino a mi misma abrazando a una yo que sé que soy yo y que con una mirada de orfandad me pide que le dé un beso, no me asquea besarme a mi misma, lo hago con un sentimiento fraternal, abrazo a la yo que me gustaría ser, con 10 kg menos, por supuesto, y luego, indefectiblemente me siento mejor. 

4.05.2014

fisch und leben verziehierung heraus

Ahora mismo escucho un audio libro de alemán.

Tengo 24 semanas de embarazo, este es mi segundo hijo.

 Hoy es un día lluvioso. Cuando salgo al balcón, lugar que he decorado con plantitas de colores cuyos nombres desconozco, me gusta. La combinación de la lluvia, la tierra y los nuevos y florecidos signos de la primavera me traen un olor que para mi es superior a cualquier perfume.

Tengo 859 días en Alemania. Por supuesto no he estado siempre aquí. Durante estas 122 semanas redondeadas hacia abajo conozco más donde vivo, puedo moverme bien en la ciudad pero no sé con precisión el nombre de las calles. Me gusta el país, el verde y la lluvia, las flores, la sobriedad y la sensación de montaña. Todo es distinto a lo que viví antes, porque yo viví en la playa, en un pueblo costero caribeño, esta es mi oposición.

 El idioma, la cultura, el color de cabello y de ojos de la gente son todo lo contrario a lo me define. Quien me viese de lejos no tendría ninguna duda: Es una extranjera. Supongo que cuando hablo quedan expuestas mis dificultades con la lengua, lo poco que me ajusto a la corrección del idioma. A pesar de esto, tengo una buena presencia que he ido perdiendo con los años.  He engordado algunos kilos, y con mi embarazo estoy más del lado de los gordos que el de los delgados.

Sigo viviendo con todo esto.

A pesar de todo esto me siento afortunada. He tenido la oportunidad de conocer otras culturas, de adaptarme, de moverme con simpatía y cada día me importan menos las cosas que menos importan.

He aprendido a ser, gracias a esta cultura, un poco más disciplinada, puntual y trabajadora. He ganado algo. En el fondo hubiese sido hermoso que el mundo con sus distintas divisiones, en vez de mirarse señalándose con el dedo, sin reconocerse, excluirse constantemente, se hubiese mezclado hasta la médula más esencial.

Las culturas ideales no deberían existir, a la final, puedo decir, que todos somos hermosos, y yo he ganado muchas cosas, ellos también ganarían si tuviesen un poco más de alegría, y espíritu caribeño.

Supongo que trazar líneas, dividir pedacitos de tierra, dispararle a tu vecino ha sido el deporte del ego de la condición humana.   Sería mucho mejor todo si todos alguna vez hubiésemos sido inmigrantes. 

1.13.2014

Pobres vivos



Miro cochecitos para arriba y para abajo, mamás poniendo caras  de locas para hacer reír a sus hijos, bebés abrigados contra el duro invierno; llevan sacos, guantes, gorros, bufandas. Busco a Nico en la guarde, o lo llevo, lo mismo da, las madres quitan con paciencia las ropas de invierno de los pequeños. A veces en las tardes, como están alborotados, se ponen a correr cuando los vienen a buscar sin hacer mucho caso, entonces el padre/madre, sin un solo grito o amedrentamiento, espera pacientemente que el niño vaya hacia ellos, este tiempo suele durar unos 3 minutos, entonces dicen una palabra firme, que apenas entiendo y el niño sin chistar se acerca para ser vestido y salir de la guardería.
Cuando voy a los parques, me suelo encontrar un montón de niños que juegan con ayuda de padres vigilantes, que hacen preguntas, explican cosas. La mayoría está preparada para que si el niño tiene sed sea satisfecho, si tiene hambre, también.
Los niños alemanes son poco espontáneos, a veces un poco egoístas con sus cosas, no suelen ser demasiado zalameros con los extraños, ni extrovertidos, ni preguntones, han sido programados por esta cultura, se están preparando en ella para ser políticamente correctos. Un día vi en el tranvía cómo a una niña se le derramaba el jugo de naranja que había traído de su casa y sus amigas, en vez de burlarse de ella, mofándose por un acto que resultaba evidentemente embarazoso, buscaban toallitas y pañuelos para limpiar sus zapatos, su chaqueta y su pantalón lleno de jugo. No pude contener la emoción cuando, habiendo terminado este acto de higiene, le preguntaron a la niña, “¿Estás bien?”,   Y sentí una bofetada de injusticia en mi cara, me dieron ganas de llorar, porque recordé mi absurda infancia, mi sufrimiento que ha dejado unas profundas marcas en mí por las burlas y las torturas que recibí durante años, solo porque un día se me había derramado un similar jugo de naranja en mis regazos.
 Allí entendí que esta era una cultura distinta, que había recibido, evidentemente, una muy dura lección; que se había preparado con mucho sacrificio para ser lo que es. Siempre es, desde luego, más divertido burlarse de los demás, criticarles, arremeter contra el otro faltándole el respeto, rebajando su dignidad, el agresor se siente superior en inteligencia y fuerza, entonces él gana, en parte.
Tengo dos años en Alemania y lo que más lamento profundamente es no haber venido antes. Me hubiese gustado aprender alemán a los 15 años, por ejemplo, estudiar en una buena universidad alemana, poder optar, con más chance a un buen trabajo. Porque este país, para empezar,  cuida con muchísimo esmero a los niños. Son una especie de reliquia que debe ser preservada y bien conducida y me parece admirable que sea así, porque dentro de 10 años y 20 y siempre, tendrán una sociedad respetuosa, trabajadora, disciplinada, pacífica. Tal vez no sea la sociedad más divertida, ocurrente, y  la que se la pasa mejor en el mundo, pero tendrán algo que ellos valoran y creo que la mayoría del mundo también (ya que veo aquí a inmigrantes de todas partes);  cierta seguridad, respuestas a sus problemas,  profesionales que sabrán hacer su trabajo cuando se les necesite, sin intentar joder a nadie.
Ellos saben que no joder a nadie es una ganancia ¿Quién cree  que los alemanes son pendejos? Los beneficios de aquellos vivos (jodedores de los demás) son pocos comparados con las devastadoras consecuencias.
Mi país vive a diario los efectos de esos vivos. Mi país eligió ser así, chévere, quítate tú que me pongo yo, dame el carguito, cobro sin trabajar, te mato, te asalto, te violo,  me llevo la comisión, cuánto hay pa’eso, qué trabaje otro, y así me burlo del otro, de su dolor, de sus problemas, me da igual su enfermedad,  porque al final me terminan jalando bolas y eso me gusta.  Sin mencionar que tuvimos, como un estandarte idolatrado, al vivo- astuto-gigante en vileza mayor,  que estuvo en el poder 14 años haciendo cualquier bajeza posible, destruyendo todo lo que antes quedaba,para ganar alabanzas falsas, poder y dinero. Qué zamarro nuestro ex presidente. Y estuvo allí hasta la muerte.
 Y qué pendejos somos, en verdad, quien haya vivido en un país como Alemania, quien haya intentado observar día tras día como he hecho yo su cultura y la forma que tienen de comportarse, quien haga una simple comparación de nuestra cotidianidad, cómoda, simple, agradable, eso sí, siempre trabajando y siendo responsables, se dará cuenta que al final trabajamos menos que los que viven en Venezuela. Y me digo todos los días, como venezolana, que hemos sido solo unos pobres pendejos.  

9.21.2013

Un cuento de fantasmas

Ya que estamos con los fantasmas, contaré la única cosa paranormal (o eso creo yo) que en realidad he experimentado.

Una vez, cuando era pequeña, acompaña a mi abuela por un camino lleno de árboles que daba a casa de mi bisabuela. Las dos vivían muy cerca y mi abuela llevaba a mi bisabuela, como era ya muy vieja y no podía cocinar, café con leche (que metía en un vaso de plástico), pedazos de pan cortados rústicamente con mantequilla, algún golfiado (este es un dulce típico que tenía un sabor parecido a la miel con caramelo) , pan dulce.

Y caminábamos por  ese camino ancho en el que sobresalían en sus lados unos cerros amarillos llenos de ranchos en la parte más alta, la calle solo tenía una escuela y una fábrica de refrescos abandonada donde vivían, en una casa continua, unas dos familias.

La escuela, como es natural, tenía un palo de hierro muy alto y fuerte donde se izaba la bandera del colegio y donde los niños, probablemente,cantaban el himno por la mañana.

El día estaba limpio, no se movía ningún árbol, el sol ya había dejado de arder, como es normal es esos pueblos costeros de Dios. Mi abuela y yo íbamos cogidas de la mano y yo pensaba que nunca en la vida las cosas dejarían de ser como eran en ese momento.

El palo de la bandera empezó a moverse justo cuando nosotros pasamos enfrente, al principio fue un movimiento tenue, para transformarse, poco a poco, en un violento vaivén que hacía que el hilo de la bandera y una borla de metal en su extremo sonaran con fuerza. Mi abuela no dijo nada, yo me quedé mirando aquél movimiento durante un rato, maravillada, buscando una explicación que no había porque en realidad, ninguna hoja de árbol, ninguna rama se movía. Pensé que alguien, abajo, en una cavidad subterránea podía mover el palo, pero luego pregunté y no había conexión ninguna entre ese palo de bandera con su base de cemento y alguien abajo azotando los cimientos. Alguien movía aquél palo de un lado a otro, con fuerza. A nadie podía ver yo.

El movimiento no cesó, ni siquiera cuando mi abuela y yo, agotadas del simple pero inquietante espectáculo, decidimos que era hora de llevarle café con leche a la abuela.


9.16.2013

las sombras

últimamente veo sombras en la casa. Esquivan mis ojos cuando las miro de frente. Creo que ya le perdí el miedo a los fantasmas. A medida que va pasando el tiempo man hat so vielen Problemen und  ein Geist ist nicht so relevant uno tiene muchos problemas y un fantasma no es muy relevante.

A veces pienso que me gustaría conocer en profundidad a un fantasma.

Pero no porque me sale un muerto que conocía de vivo ya muy bien, sino porque se me presenta, me dice que tal y en su condición de presencia se sienta con las piernas cruzadas y me empieza a contar su vida.

Repaso mentalmente todas las historias de fantasmas que he leído y todas me gustan.

Creo que por eso mi genuino  ídolo de adolescente siempre fue Poe.
Escribía tan bien sobre ellos...

Creo que el fantasma más digno de la literatura es Baterbly:

Yo me lo imaginaba mientras leía el cuento, tal cual así. Tal vez sí con la variante de una camisa gris con un discreto bolsillo de pico en la parte izquierda.




Aquí  no me gusta:

1. El chaleco rojo, le da una vivacidad de la que carece.
2. La vela apagada...las velas siempre son un puente cuando están encendidas, entre la luz del aquí y el más allá.
3. Aún tiene carne en los carrillos, Baterbly comía poco, galletas de jengibre...




 


Aquí no podemos ver su cara bien. El cuerpo carece de detalles, tiene un borde de trazos fuertes y sus rasgos son solo matices de marrones. La vela, en esta ocasión, sí está encendida.

Los fantasmas necesitan de al menos una pequeña luz para poder ser reconocidos. Supongo que por eso serán más frecuentes al amanecer con luz clara del alba. Así pueden ser visibles. Distinguirse de la negrura de la noche.


Imagino que sería curioso encontrarlos en botellas y poder comprarlos en una tienda, los venderán por ebay?

9.13.2013

La felicidad

Me gustaría definir un poco este sentimiento o estado de ánimo:

"No pensar que se está hambriento o enfermo, tener algo interesante que hacer, sentirse cómodo, compartir, amar",




No somos felices. Yo creo que la vida moderna con la sociedad occidental y la que no, han tejido el hilo con unas madejas confusas para la gente, le regalan mucha información para aprisionarlos, les marean y les prometen el perfeccionamiento de su especie a través de los teléfonos móviles, de la velocidad, de los trabajos de esclavitud que prometen hacerte mejor, de los sueldos miserables, de la desolación de mirarte ante la pantalla de facebook buscando amor.

Yo francamente me he resitido a comprarme un teléfono con pantalla grande y táctil, podría hacerlo, pero creo (y perdónenme porque puedo parecer una testigo de Jehová) que los tiempos actuales necesitan un frenazo. No hay equilibrio y las desigualdades son injustas para los diferentes competidores (ahora puedo parecer una luchadora sin aforo).

Entiendo lo que es la soledad. Me gusta en su justa medida, ahora todos somos unos solos, nosotros y nuestro teléfono, nosotros y la pantalla, ¿cuándo habíamos estado más rodeados rodeados de gente?

Pero nos gusta la gente. A mí también me gusta la gente. Pero vivo en Europa ( a mi pesar, juro que me gustaría irme a vivir a Trinidad y Tobago y dejar certificados, pruebas, alemanes, títulos, inalcanzables requisitos ¡ay, las estrellas y sus distancias luz! )

Si escribo ahora más a menudo es porque he terminado el curso de alemán, he buscado trabajo sin éxito, he solicitado una plaza en un master de español para extranjeros (me la han negado porque no me gradué en España), me he tenido que joder en grande y lo único que me quedan son los libros, sus mensajes, una bicicleta que manejo, mi familia (esto es muy importante y soy feliz de tenerla), una computadora donde escribo una novela, y mis propias piernas para hacer jogging.

Cuando salí por primera vez a correr (jamás había corrido en mi vida más de dos minutos) lo hice porque sabía que sino corría me iba a volver loca. Metida en una casa, sin amigos con los que te puedes echar unas cervezas sintiéndote en confianza, me dije que era mi única salvación así dejara el bofe en la acera y me descompusiera de cansancio.

No sucedió. Corrí escuchando música alemana bazofia, corro feliz, cantando en voz alta, bailando cuando la canción no es bazofia.

Me redimo con cada paso que doy y mi salud mental es sólida ( o eso parece).

Ahora leo una novela de Fante y me río con sus cosas, qué cosas las de los inmigrantes, o los hijos de estos.

9.09.2013

Por las cebollas



Ayer domingo leía el periódico alemán que llega gratuitamente a nuestra casa. Generalmente no lo leo pero ayer me llamó la atención la noticia de la acusación a Steinbrücks, el competidor de Merkel, sobre el grave delito de haber contratado ilegalmente (o en negro, supongo) a la señora que le limpia la casa.



En noticias cortas, un poco más abajo Egipto (me gusta esto de interpretar las noticias cuando no me entero mucho de lo que dicen porque estimulan mi imaginación, le pongo otra noticia más):


Un hombre que vende frutas en un mercado de Egipto, podría ser en cualquier calle del Cairo, se encuentra, al meter la mano entre un grupo de robustas cebollas, una granada calibre 7,5.


Me pareció tan poética la comparación y la imaginación que tienen algunos criminales, comparando cebollas con granadas, metiéndolas en el mismo saco de verduras, es un acto inspirador digno de cualquier reverenciado escritor.

Los traficantes de drogas son otros artistas de la poesía y quien piense lo contrario, que lo demuestre...

9.06.2013

Por los espacios vacíos o Francesca Woodman

Cuando hice mi tesis en el CSIC, se suponía que debía hablar de algo que me apeteciera, escribir sobre un libro, comprenderlo, relacionarlo con teorías, decir algo nuevo.
De allí se me ocurrió que Álvaro Mutis era el autor sobre el que trabajaría. Leí todas sus novelas, sus libros de poemas, siempre maravillándome de su exotismo, de su capacidad de condensar la filosofía con lo caribeño, el melancólico estado de ánimo con el sol denso, furibundo que traspasa los árboles, y llega como sombra de luz a los cáñamos de los ríos profundos y majestuosos de Suramerica.
El personaje Maqroll el Gaviero se encuentra al final del libro "La nieve del Almirante" con el espacio destruido, inhabitable nunca jamás de aquella choza con la que había compartido momentos memorables con su gran amor. Después de un viaje casi suicida, solventando miles de obstáculos, solo se mira ante el desastre y las ruinas.
Yo no me acuerdo totalmente de mi tesis, tengo ya tres años alejada del mundo académico, pero sí me acuerdo de la sensación de lectora al entender la transcendencia del significado de los espacios escamados por el tiempo, pero donde aún queda un sedimento de los rastros dejados por los antiguos habitantes.
Conecté aquello con la tragedia de Chernobyl, e incluso, me vi un vídeo donde se mostraban los espacios afectados por la radiación, absolutamente vacíos, allí me maravillaron las escuelas llenas de muñecas, cuadernos, pupitres rotos, las casas llenas de objetos para tomar el café, intactos aún, llenos de polvo, de abandono.

Y por mera casualidad fui a Madrid y leí un artículo de Vila Matas que recomendaba una exposición de fotografía. Decía encarecidamente "vayan", y entonces me di cuenta que podía ir, podía verla, y me encontré que el  Círculo de Bellas Artes de Madrid tenía una exposición adicional a la que Vila Matas había dicho,   sobre fotógrafas de vanguardia de los años 70. 


Entonces miré las fotos de Francesca Woodman,




La Francesca era una chavala cuando hizo estas fotos, una muchacha intensa, enamorada de la fotografía. 

Maneja el concepto poético y surrealista de los espacios abandonados y se coloca entre ellos, invirtiendo el abandono, transformando su significado.

Se hace fantasma, se difumina. Y a mi me fascinan también las fotos del siglo XIX, la recuperación de los que antes ocupaban nuestros lugares, porque todos somos suplentes de los idos.

Y a pesar de todo está la luz, incólume entre la inevitable tragedia que llegamos a ser siempre.
Y vuelve aparecer, con cubiertos heredados, que han sido lamidos por los que no están.

  y finalmente ella, desaparecer entre la luz.

Francesca Woodman 1958-1981



8.07.2013

Katherine Mansfield



Katherine Mansfield, 1916
Ahora leo a Katherine Mansfield. A medida que avanzo en su lectura puedo sentir sus palabras, creo que podemos llegar a amar verdaderamente a un discurso escrito, tanto como a una persona. No es fácil describir la fascinación pues se presenta de tantos modos... Admiro esa capacidad para enaltecer los detalles que nos rodean, no es la cotidianidad lo que impacta en su escritura sino la observación de aquello que normalmente pasa desapercibido, esa observación suya, tan acorde a algo personal e íntimo, reconstruye el detalle, lo razona, lo viste de una particular importancia y revela sorpresivamente el secreto de una repentina epifanía. Por haberme otorgado, a cada paso de su diario, las majestuosas maneras de lo minúsculo, yo me envuelvo en ella, siento que está allí a mi lado, contándome todas sus inseguridades, ingenuidades, pasiones arrebatadoras, remembranzas.

La leí en inglés en “A German Pension”, y también me gustó. Supongo que no tanto como su diario, porque creo que tal vez la pena es que mi pobre conocimiento del inglés no me permitió poder introducirme en su gracia. Creo que es una escritora mágica, injustamente olvidada y sin duda, desde que por casualidad la descubrí a raíz de una nota en internet, mi escritora preferida. Sus cuentos son sencillos pero pienso que tremendamente difíciles de escribir y emular. Murió con 34 años, la edad que tengo yo ahora mismo, a raíz de una sífilis que se transformó en tuberculosis, la cual contrajo producto de sus muchas relaciones con amantes. En su diario se puede descubrir esa intensidad por la vida, la búsqueda de lo irresoluto a través del amor, del sexo.

Mansfield descubre a cada paso el dolor del amor, y la muerte es para ella un medio de vivirlo, comprender el valor que tienen los fantasmas, los suyos, que son prácticamente todas aquellas personas a las que quiso, porque pienso que Mansfield siempre estuvo rodeada de espíritus vivos y muertos, y todo ese conjunto de emociones eran los ausentes, la mayoría las personas que alguna vez pasaron por su vida.

Creo que si hubiera conocido a Katerine Mansfield, habiéndola leído previamente, hubiese tenido ganas de abrazarla y pedirle que por favor estuviera sencillamente un rato en silencio a mi lado. Creo que tal vez haríamos algo parecido si tuviésemos la suerte de leer los diarios íntimos de muchas personas, acompañar en el silencio, porque sabiéndolo todo, podemos sentir lo hermoso de ser un ser humano teniendo la conciencia de un cuerpo cuyos padecimientos conocemos.

No me quiero ir, sin antes dejar un fragmento de su diario.


Esta tarde volví a casa y llegó F. Yo estaba de pie en el estudio y alguien silbó en el sendero. Era él. Salí y compré leche, miel y pan Veda. En seguida nos sentamos a tomar el té y charlamos. Este hombre es en muchos sentidos extraordinariamente como yo. Me gusta tanto: me siento tan honesta con él que se convierte simplemente en una de mis verdaderas alegrías, una de las verdaderas alegrías de mi vida, que él venga a charlar y a estar conmigo (…) Existe un división: la gente que es mi gente, la gente que no es mi gente. El es mío. Le regalé mi ranita.
(…)
Es sorprendente la violencia con que se sacude una gran rama cuando un tonto pajarito la abandona. Supongo que el pájaro lo sabe y se siente inmensamente arrogante...